76. Viajo para vivir

Durante mucho tiempo puedo buscar paz, belleza, sabiduría y felicidad recorriendo el mundo entero. Puedo viajar a monasterios, incluso al Himalaya, y recorrer de punta a punta este bello planeta que habito, con la creencia de que en algún lugar encontraré aquello que estoy buscando.

Pero mientras siga sin sentirlas en mi interior, ahí seguirán, esperando a que las reconozca para poder vivirlas. Mientras tanto, seguirán latiendo dentro de mí, esperando a ser expresadas.

Y quizá, después de tanto buscar fuera, empiece a darme cuenta de que aquello que buscaba nunca estuvo tan lejos. Si no acepto lo que ya existe dentro de mí, seguirán resonando cada vez con más fuerza para ser escuchadas.

Entonces las acepto y las siento mías. Y después de aceptarlas y sentirlas como mías, las integro y las vivo.

Desde aquí puedo compartirlas con mi entorno y con el mundo.

Y entonces sí…

Viajo.

Pero ya no para encontrar aquello que siento que me falta, sino para gozar, segundo a segundo, de este bello planeta que habito.


¿Qué salgo a buscar cuando viajo que todavía no reconozco en mí ni expreso en mi día a día?

¿Viajo para disfrutar o para escapar de mi día a día?