Blog

  • 91. Personas libres

    Durante mucho tiempo pensé en la libertad como algo que ya tenía. Era libre, sí, pero poco a poco fui descubriendo que tener libertad no significaba necesariamente atreverme a vivirla.

    Era libre para decidir.
    Libre para sentir.
    Libre para ser.

    Sin embargo, una cosa era saber que podía elegir y otra muy distinta hacerlo.

    Elegir según mi momento.
    Según lo que sentía.
    Según aquello que realmente quería experimentar.

    Ahí aparecía el miedo. Porque tomar las riendas de mi propia vida significaba decidir, y decidir también significaba asumir que cada uno de mis actos podía tener consecuencias.

    Entonces, en ocasiones, resultaba más sencillo dejar determinadas decisiones en manos ajenas.

    Permitir que otros eligieran.
    Seguir caminos ya marcados.
    Aceptar direcciones que parecían más seguras que la mía.

    No porque hubiera dejado de ser libre, sino porque ejercer mi libertad también significaba responsabilizarme de aquello que hacía con ella.

    Y entonces ahí aparece una de las paradojas de la libertad: puedo tener las riendas entre mis manos y, aun así, esperar que alguien me diga hacia dónde caminar. Puedo tener una vida que he venido a experimentar y continuar delegando fuera de mí decisiones que forman parte de mi propio camino.

    Hasta que aparece una pregunta:


    ¿Qué estoy haciendo con mi libertad?


    Porque ser libre no significa únicamente poder elegir. También significa atreverme a hacerlo y asumir las consecuencias de mis propias decisiones.

    Personas libres…

  • 90. Mi programación

    Desde pequeño escuché muchas cosas sobre lo que he venido a hacer en esta vida:

    Que tengo que dar Amor.
    Que tengo que ser feliz.
    Que tengo que encontrar mi camino.
    Que tengo que cumplir determinados objetivos.
    Que tengo que llegar a ciertos lugares para sentir que mi vida tiene sentido.

    Y fui creciendo.

    Mientras crecía, también fui aprendiendo cómo debía ser una vida correcta según lo que dictaba mi entorno:

    Qué tenía que conseguir.
    Cómo tenía que comportarme.
    Qué se esperaba de mí.
    Qué cosas parecían demostrar que lo estaba haciendo bien.

    Poco a poco fui construyendo un programa.

    Un programa basado en creencias, obligaciones, direcciones y expectativas.

    Un programa que, en muchas ocasiones, ni siquiera me había parado a preguntarme si realmente quería seguir.

    Cuando algo no sale como estaba previsto dentro de ese programa, aparece el miedo.

    Y de él nacen:

    La frustración.
    La culpa.
    La desesperación.
    La sensación de estar fallando a los que me rodean.

    Hasta que un día apareció una pregunta mucho más sencilla:


    ¿Y si he olvidado lo principal?


    Porque quizá antes de cumplir, demostrar, llegar o conseguir, hay algo mucho más básico:

    He venido a vivir.

    No únicamente a existir dentro de una programación.

    No únicamente a cumplir aquello que alguna vez me dijeron que debía cumplir.

    He venido a experimentar mi propia vida:

    A sentirme.
    A observarme.
    A escucharme.

    Cuando dejo de preguntarme únicamente qué se espera de mí y comienzo a preguntarme qué quiero experimentar mientras estoy aquí, puedo descubrir qué quiero realmente y decidir, paso a paso, cómo quiero caminar.

    Y quizá vivir empiece precisamente ahí:

    En habitar ese estado de bienestar…
    Que está esperando en mi interior…
    A que decida caminar desde él.

  • 89. Etiquetas para el olvido

    Bello Ser humano…

    Que todo tienes…
    Que etiquetar…

    Y luego te dedicas…
    A separarte…

    Separarte según…
    Tus creencias limitantes…

    Según te han dicho…
    Que esas etiquetas…
    Tienes que habitar…

    Bello Ser humano…

    Que todo has olvidado…

    Por esas etiquetas…
    Que tú mismo…
    Has creado…
    Y…
    Has decidido habitar…

    Bello Ser humano…


    ¿Cuáles son tus etiquetas actuales?

    ¿Por qué estás viviendo según estas etiquetas?

    ¿Qué te aportan realmente?

  • 88. El principio de todo

    Yo soy…

    Estas son las dos palabras…
    Desde las que todo mi Ser…
    Comienza a ser…

    Yo soy…

    Estas son las dos palabras…
    A las que debo rendir pleitesía…

    Yo soy…

    Estas son las dos palabras…
    Que definen lo que soy…
    Aquí y ahora…

    Yo soy…

    Estas son las dos palabras…
    Que definen mi manera…
    De caminar…

    Yo soy…

    Quien yo soy…

    Porque he decidido ser…

    Quien yo soy…

    En este mismo instante…
    De mi camino…

    Yo soy…

    Estas son las dos palabras…
    Que definen mi consciencia…
    Mi consciencia de ser…

    Lo que yo decido ser…
    A cada paso que doy…
    Por mi camino…


    ¿Quién decides ser?

  • 87. Autenticidad

    Decidí vivir sin miedo a vivir…

    Permito que mi Ser interior…
    Tome las riendas…

    ¿Cómo sabré cuando lo hace?
    Cuando empiece a escuchar…
    Más que a apresurarme…
    A responder…

    Cuando empiece a liberar…
    Más que a guardar…
    Todo aquello…
    Que me impide ser…

    Cuando empiece a ser…
    Más que actuar…
    Para conseguir aceptación…

    Cuando empiece a aprender…
    Más que a juzgar…
    Para ocultar aquello…
    De lo que puedo aprender…

    Cuando empiece a Amar…
    Más que a odiar…
    Aquello que todavía…
    No alcanzo a entender…

    Permito que mi Ser interior…
    Tome las riendas…

    Me permito ser…
    Auténticamente yo…


    ¿Qué parte de mí estoy dejando de ser para conseguir aceptación?

    ¿Qué necesito dejar de representar para empezar a ser quien realmente soy?

    ¿Qué me impide ser auténticamente yo?

  • 86. Pequeños Maestros

    Cuando era pequeño quería ser muchas cosas y, al mismo tiempo, no necesitaba ser ninguna. Podía imaginarme de una manera hoy y de otra mañana sin preocuparme demasiado por tener que decidir quién iba a ser para siempre.

    Con los años fui creciendo. Llegaron decisiones, responsabilidades, expectativas y caminos que recorrer. Y casi sin darme cuenta, aquello que de pequeño parecía tan sencillo empezó a quedar cada vez más lejos.

    Entonces aparecen dos preguntas que no siempre son fáciles de responder:


    ¿Qué me queda de aquella época?
    ¿Qué me queda de aquel niño que fui?


    Porque puedo pasarme toda una vida esperando para ser y descubrir, un día, que se me ha olvidado ser.

    Quizá por eso me gusta observar a los niños. Esos pequeños Maestros que aparecen en mi camino como hijos, nietos, sobrinos o simplemente como niños que tengo cerca. Los miro jugar, imaginar y vivir el momento con una naturalidad que, en ocasiones, funciona como un espejo.

    Y cuando me miro en ese espejo recuerdo algo que parecía olvidado: mientras tenga vida, todavía tengo tiempo de ser. De recuperar aquello que alguna vez quise vivir, no necesariamente para convertirme en lo que imaginaba de pequeño, sino para recordar a esa parte de mí que todavía sabe soñar, elegir y sentirse viva.

    Gracias, pequeños Maestros.
    Gracias, pequeños espejos.

  • 85. Sin apellidos

    Sobre el Amor Incondicional…
    El Amor simplemente es…

    Luego…
    Si se le apellida Incondicional…
    Justo en ese momento…
    Deja de serlo…

    Ya que al añadir este apellido…
    Ya se le está imponiendo…
    Una condición…

    El Amor simplemente…
    Es Amor…
    Así de simple…


    ¿Qué apellidos le pongo yo al Amor y cómo influyen en mi manera de vivirlo y expresarlo?

  • 84. Desapegarme

    De tanto controlar…
    Empecé a descontrolar…

    Hasta que decidí desapegarme…
    De aquellos miedos…

    Que me han llevado…
    A la obsesión…
    Obsesión por el control…
    De todo lo que ocurre…
    En mí…
    Y a mi alrededor…


    ¿Qué podría ocurrir si dejo de intentar controlarlo todo?

  • 83. Simplemente

    Simplemente…
    Siento cuando pienso…

    Simplemente…
    Siento cuando hablo…

    Simplemente…
    Siento cuando escucho…

    Simplemente…
    Siento cuando miro…

    Simplemente…
    Siento cuando intento tener la razón…

    Simplemente…
    Siento cuando empiezo a juzgar…

    Simplemente…
    Me permito sentir…


    ¿Qué descubro en mí cuando simplemente me permito sentir?

  • 82. Causa y efecto

    Cada acción crea un momento…
    Cada momento crea una acción…

    Una sonrisa…
    Un te amo…
    Una lágrima…
    Un paso adelante…
    Una aceptación…
    Un sentimiento…

    A cada momento…
    Estoy creando una causa…
    Estoy creando un efecto…

    Entonces…
    Ahora que entiendo…
    La relación entre causa y efecto…

    Puedo empezar a crear una vida…
    Desde el Amor y el bienestar…

    En todos los aspectos…
    De mi Ser…
    Y de mi vida…


    ¿Qué efecto ha tenido en mi vida lo que he creado hasta hoy?

    ¿Qué efecto está teniendo en mi vida lo que estoy creando hoy?

    ¿Qué efecto tendrá en mi vida lo que cree a partir de ahora?